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Víctor Apaza, el “santo popular” de Arequipa

Decenas de personas llegan a agradecer o a pedir por un milagro, a la última persona fusilada en nuestra ciudad
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Flores, coronas, bebidas y hasta dinero, son las ofrendas que traen los fieles agradecidos con Víctor Apaza Quispe, ya que ellos lo consideran como una especie de “santo”. El fue el último condenado a la pena de muerte en Arequipa y desde aquella época, se extendió por el boca a boca su intercesión para cumplir o ayudar en causas muchas veces catalogadas como imposibles, tanto en campos que van desde la salud hasta el romántico.

En estos primeros días de noviembre al pabellón San Hilarión, ubicado dentro del cementerio de la Apacheta en José Luis Bustamante y Rivero, y que alberga a más de cien mil difuntos, luce con gran cantidad de público. Muchos hombres y mujeres vienen desde distintas zonas de la ciudad y departamento de Arequipa, como también de la zona sur de nuestro país, para visitar el nicho que alberga el cuerpo de este hombre.

 Víctor Apaza, fue sentenciado a pena de muerte mediante el fusilamiento por el supuesto asesinato de su conviviente Agustina Belisario en el distrito de La Joya, este acto se llevó a cabo el 17 de setiembre de 1971, en la ex cárcel de Siglo XX, ubicada hoy en día al costado del poder judicial. Él fue el penúltimo sentenciado a la pena capital en el Perú, antes que esta medida se dejará sin efecto al ratificar el pacto de San José.

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