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Hay Festival| Mario Vargas Llosa: “Mientras trabaje y escriba voy a estar vivo”

Confesó que quiso ser escritor de obras de teatro
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Mario Vargas Llosa embelesó a los asistentes del Teatro Municipal, recinto que albergó a jóvenes escritores como Katya Adaui, Mariana de Althaus, Jeremías Gamboa, Santiago Roncagliolo y Renato Cisneros en un conversatorio del Hay Festival Arequipa 2018, recordando sus vivencias como novelista.

Observar ‘La Muerte de un Viajante’ de Arthur Miller, lo marcó profundamente, convirtiéndolo en un amante apasionado del teatro y posible dramaturgo en potencia. Hecho por el cual escribió su primera obra teatral denominada ‘La Huida del Inca’ en 1952, cuando tenía 15 años y cursaba el último año de secundaria en el colegio San Miguel de Piura, incluso esta obra se estrenó en el Teatro Variedades de dicha ciudad, el elenco de actores estaba constituido por sus propios compañeros de estudio.

“Es cierto que yo quise ser escritor de teatro”, dijo al respecto. Explicó que se quedó deslumbrado con la puesta en escena, que fusionaba rasgos de una novela moderna. Cruzaba los tiempos, pasaba del presente al pasado o al futuro y todo enriquecía extraordinariamente las emociones de la historia”, agregó.

A diferencia de hoy en día, lamentó que durante aquellos años no existiera un movimiento teatral activo, con escenarios estables y un público fiel, motivo por el cual no se dedicó a la dramaturgia. “Probablemente, yo hubiese sido un espectador de teatro y no un novelista. Pero la verdad, escribir para el teatro en el Perú, en ese tiempo, era algo heroico y muy frustrante”. Por ello, se entregó a la narrativa, resguardándose en la esperanza de publicar sus cuentos en el suplemento dominical de ‘El Comercio’.

Sin embargo, recordó que en esa época, uno de sus sueños era viajar al extranjero porque ser escritor en nuestro país era imposible y no había más remedio que partir. En mi caso, ese sueño si se cumplió, Europa me dio muchas cosas, descubrí que era una Latinoamérica y conocí su literatura”, afirmó.

“Somos mucho menos provincianos de lo que éramos hace 50 años”. Así se refirió, el nobel, para explicar la incomunicación de la literatura latinoamericana durante esos días. Acción que ha cambiado, porque actualmente la pluma de los escritores traspasa fronteras.

Para un escritor es fundamental dedicar la mayor parte de su tiempo a la actividad literaria y que no puede ser un trabajo de fines de semana, ni de vacaciones. “Su dedicación tiene que estar orientada hacia la literatura de una manera primordial, si es que quiere dejar una obra que sea rica, que se original”, comentó.

En su generación, recordó que desalentaban a los jóvenes escritores con la excusa que nadie los leería, "solo 4 amigos", pero afirma que eso ha cambiado para mejor.

No recuerda haber iniciado un proyecto bastante trabajado y haberlo abandonado.   “Creo que hasta ahora no me ha ocurrido” -, porque piensa mucho antes de enrumbarse entre las letras y el comienzo de una historia. “Pero una vez que empiezo, realmente ya no paro”.

Lituma en los Andes, novela del escritor y publicada en 1993, tiene como protagonista al cabo Lituma, personaje que aparece en otras de sus obras, como en ‘La Casa Verde’, ‘¿Quién mató a Palomino Molero?’, ‘La Chunga’, ‘El héroe Discreto’.  “En el caso de Lituma vuelven de manera obsesiva en ciertas historias. Si yo cayera en manos de un psicoanalista tal vez es el psicoanalista escarbando descubriría la razón”. Razón que debe ser muy secreta porque hasta la fecha no halla la causa, ni motivación.

Cree que deben explorar su subconsciente a fin de explicar el fundamento, pese a tener miedo porque también aparecería la razón por la cual es escritor y se quede sin esa vocación humana.

Alejarse de los libros y del trabajo literario le provocaría la presencia de la muerte inquietante: “Yo sé perfectamente que mientras trabaje, mientras escriba, mientras tengo proyectos,  mientras tenga esos planes voy a estar vivo”.

Lo peor que le puede pasar a un ser humano es morirse en vida, pero quizá en el caso de los escritores, fallecer en vida sea la más triste de las muertes. “La vida de la gran literatura es una vida que nos puede llevar a una cierta forma de inmortalidad, tratemos de llegar a ella”, finalizó.

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