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Mesa Redonda: a 20 años del incendio que cobró la vida de más de 300 personas

Un artefacto pirotécnico desató el devastador siniestro que conmocionó al país en el 2001
No se pudo cargar

Las tragedias se miden por la inexactitud de sus primeras cifras y el caos. Los primeros reportes del incendio de Mesa Redonda hablaban de 67 muertos. A las 48 horas, el reporte oficial se elevó a más de 280. Ahora se sabe que fueron más de 300 las víctimas del siniestro.

A los fotógrafos, bomberos y policías que llegaron aquella noche del 29 de diciembre de hace 20 años, no se les borrará de la memoria olfativa, el olor a cuerpos carbonizados. A cenizas. A lodo.

Y todo lo originó un “chocolate”, un pirotécnico que era probado dentro de una galería que a su vez era almacén de fuegos pirotécnicos. Todo sucedía a solo un kilómetro de la plaza de Armas de Lima.

“Mucha gente que quedó atrapada y solo se le reconoció por el pelo, nada más”, recuerda el excomandante del Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú (CGBVP), Tulio Nicolini, quien estuvo a cargo de la emergencia, donde participaron 14 compañías de bomberos y unos 250 hombres de rojo.

Contra el fuego

Los bomberos tenían abastecimiento de agua para las bombas; además, Sedapal y las municipalidades apoyaron con camiones cisterna.

El problema era llegar al corazón de la emergencia: mientras los hombres de rojo trataban de avanzar para luchar contra el infierno y salvar vidas, los ambulantes y comerciantes obstruían el paso con sus carretillas. Su preocupación era salvar su mercadería. Paradójicamente, muchos se encerraron en los inmuebles, negándose a deshacerse de sus productos. En ese lapso, el fuego consumió dos manzanas juntas.

El excomandante Nicolini cree que se hubiera podido actuar más rápido sin la muchedumbre en contra. Nuestra falta de ciudadanía pasándonos factura.

Eran fiestas de fin de año y el presidente Alejandro Toledo se encontraba con su familia en el balneario de Punta Sal (Tumbes). Nicolini lo mantuvo al tanto de los hechos y a las tres de la madrugada, Toledo ya estaba en el lugar de la tragedia.

El jefe de Estado declararía duelo nacional por las víctimas (domingo 30 y lunes 31 de diciembre) y anunciaría la prohibición de la producción y comercialización en el país de productos pirotécnicos. 

Aquí el dato: ese año se habían importado solo por vía oficial 1,100 toneladas de productos pirotécnicos. El entonces alcalde de Lima, Alberto Andrade (quien estaba en España), saludó la medida.

El incendio se inició alrededor de las seis de la tarde, en una tienda de la galería comercial del número 877 del jirón Andahuaylas, en el cruce con el Jr. Cusco, en Barrios Altos.

Lo que permitió la propagación del fuego (que colapsaría 25 inmuebles, entre ellos 15 galerías comerciales) eran los edificios que tenían ambientes acondicionados como almacenes, donde se guardaba mucho material inflamable y pirotécnicos, tan demandados por entonces para las fiestas de fin de año.

A dos décadas del incendio, Nicolini lamenta que el número de ambulantes en los alrededores del Mercado Central y Mesa Redonda aumente en fiestas de fin de año. “Eso es inevitable, y no depende de nosotros (los bomberos). Es un factor de seguridad que depende de Defensa Civil o de la municipalidad respectiva”, dice.

Con información de Andina

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