La concientización ambiental en este plantel no es casualidad. La institución cuenta con el liderazgo de la Lic. Karin Ramos, jefa de laboratorio, quien junto a su equipo docente fue ganadora de la Evaluación de Logros Ambientales Tramo II de la UGEL Sur en el año 2025, gracias a un exitoso proyecto educativo ambiental integrado.
Durante la jornada de reflexión, la especialista compartió un mensaje contundente que desafía la indiferencia ciudadana. «Ese aire que acaba de entrar a tus pulmones tiene un 50% de probabilidad de haber salido del océano. No de un árbol, sino del fitoplancton microscópico que vive en el mar», explicó Ramos, recordando que el océano regula el clima, genera oxígeno sin costo, y provee comida, trabajo y medicinas.
Sin embargo, la docente fue enérgica al señalar la responsabilidad individual en la contaminación marina, desmitificando la idea de que el problema es ajeno. «¿Y tú qué le has dado últimamente, además de basura? El sorbete que tiraste en tu barrio viajó por las lluvias, los ríos, las alcantarillas, y terminó en el estómago de una tortuga. No hay ‘lejos’ cuando todo está conectado por agua», advirtió.
Para la galardonada educadora, el verdadero cambio empieza al asumir la culpa colectiva en lugar de señalar únicamente a terceros. «Es fácil culpar a las empresas, a los barcos o al gobierno. Pero el plástico de un solo uso existe porque tú lo compraste, porque te dio flojera llevar tu botella, porque pensaste ‘soy solo uno’. Un millón de ‘solo uno’ es lo que tiene al mar ahogándose», enfatizó.
Finalmente, la jefa de laboratorio de la GUE Mariano Melgar hizo un llamado a los estudiantes y a la comunidad a adoptar compromisos reales y sostenibles, asegurando que no se necesita salvar a todo el Pacífico de golpe, sino cuidar la parte que está en nuestras manos.
Acciones sencillas como sostener por 30 días el uso de una botella reutilizable, rechazar los sorbetes o recoger tres plásticos al visitar la playa son el inicio del cambio. «El océano no te pide perfección. Te pide que dejes de hacerle daño. El 8 de junio no es para aplaudir al mar; es para pedirle perdón y cambiar algo», concluyó.

